
 Llegar a buen puerto sin morir en el intento...
¡Maratón que me hiciste mal y sin embargo te quiero! No es la letra de un tango, aunque parece... Sólo se trata de una reflexión final, la que podemos hacer cuando planificamos las cosas con precisión suiza y todo nos sale al revés de lo pensado.
¿Desea usted, corredor amateur, correr un maratón por debajo de las 3h 10’? Creo tener una receta de entrecasa que puede resultarle útil, la que paso a contar sin mayores preámbulos y con la esperanza de que al menos a un lector le resulte interesante.
"En los días previos al maratón, durante esas jornadas de trotecito costero junto a mis compañeros, cuando uno busca calmar tensiones y recuperar las piernas del exigente entrenamiento, escuhé todo tipo de comentarios; calculos matemáticos, predicciones, futurología en su máxima expresión... Uno de mis amigos, el locuaz corredor veterano Don Lino Elejalde, utiliza una cómica comparación para definir lo que es un maratón, recuerdo sus palabras: ¡Jorgito, correr el maratón es como sacar a bailar a la chica más linda del boliche! Una vez que te metiste en el baile y la mina te dice que sí, te tenés que bancar la que se venga, los comentarios de los demás, los elogios, o las gastadas si te deja colgado y se va con otro. ¿Cuál fue mi interpretación? Supongo que me quiso decir que los 42km es la distancia que más tienta al corredor de fondo y como toda tentación puede llegar a ser peligrosa.
Por otro lado, unas palabras bíblicas del apóstol PABLO, me resultaron como bálsamo espiritual para fortalecerme con miras al día de la gran carrera: ¿No sabéis que los que corren en el estadio, si bien todos corren, uno solo se lleva el premio? Corred, pues, de tal modo que lo ganéis. Todos los que corren o luchan en la palestra guardan en todo una exacta continencia; y no es sino para alcanzar una corona perecedera, al paso que nosotros la esperamos eterna. Así que yo voy corriendo, no cómo quien corre a la aventura; peleo, no como quien tira golpes al aire; sino que castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que habiendo predicado a los otros, venga yo a ser reprobado. I CORINTIOS 9 ( 24 – 27).
Este año me propuse no dejar nada librado al azar. Se trataba de mi séptimo maratón y recordando la experiencia de Aurora Ordás, una amiga y atleta española autora de un libro llamado "Las Cosas del Correr" (el camino hacia el maratón), necesitaba terminarlo pudiendo decir "ya sé correr"... Me sentía en deuda con la distancia, consideraba que no había tenido respeto por el arte de correr los 42km y 195metros, más allá de llegar, quería dejar de sentirme un pianista de cantobar pretendiendo tocar el piano en una orquesta sinfónica... (no sé si soy claro).
Encaré mi preparación con decisión, corrí cuanta competencia pude planificando bien las cosas, busqué seguridad entrenando en la pista y compitiendo en los torneos de invierno, hasta que me puse un freno y me dije: ¡Ya es hora de entrenar para los 42km de diciembre! Aunque me extienda un poco en el relato, quiero contar detalladamente cual fue el camino que recorrí antes y durante el maratón, porque encontré una cuota de gran egoísmo en atletas que logran marcas por debajo de las 3 horas y con un toque de soberbia simplifican todo diciendo: " Hay que entrenar más"

Mi cronómetro se calvó en 3h : 08’ : 15" y como tengo algunos amigos corredores que aspiran a una marca similar, a ellos va dedicada la segunda parte de mi relato; no es cuestión de volver a casa con la medallita de recuerdo y copiar malos ejemplos...
En el momento justo le planteé a mi entrenador el Profesor Alexis Abot del CI.M.A, la intensión de correr el maratón; después de 80 carreras de calle (entre ellas seis maratones), a "puro libro y consejos callejeros", con mil propuestas en mi cabeza eligiendo una al tun tun según soplara el viento. Me oriento correctamente. De ahí en más todo dependió de mí; de la voluntad para asimilar el duro entrenamiento, entender conceptos básicos como ¡¡¡DESCANSO!!! - ¡¡¡HIELO OBLIGATORIO!!! - ¡CARRERA CONTINUA SUAVE! A esto agregarle los trabajos de pasadas de 400m, 800m, 1200m, 1600m, 2000m y 3000m según el día. Y algo fundamental: "No se puede correr un maratón a conciencia si no se es amigo del fondo largo y tranquilo" Tuve días de 20km, de 25km y curiosamente no superé en ninguna etapa del entrenamiento los 29km. En otras ocasiones, siguiendo planes bajados de INTERNET o copiados de viejos libros de atletismo, creo que me castigué innecesariamente con jornadas de más de 34km (una duda que me quedó...) Llegó el momento de correr el Medio Maratón Stramilano a Mar del Plata, gran carrera ojalá perdure, sirviendome de TEST para al menos imaginar mi futuro en los 42km.
Llegó el sábado 7 de diciembre. Día de preparativos y de inscripciones en la Pista de Atletismo, un lugar ideal para respirar aire atlético, el taller adonde vamos a ajustar "las piezas flojas del motor" horas antes de la competencia. En realidad mis recaudos comenzaron en la noche del viernes 6; dejé a mano mi viejo pantaloncito de atleta (con un zurcido maternal por cada carrera corrida), la musculosa que alguna vez me obsequió un corredor veterano para que comenzara a vestirme como tal y mi poderoso y "misterioso brebaje"... ¿De qué se trata? Simple: 100grs de pasas de uvas, dos naranjas, dos bananas, una cucharada de miel, 50grs de Mantecol y un vaso de agua mineral. Todo bien licuado que quede como un yogur bebible.
En la mañana del sábado, primeramente visité a mis dos amigas (Liliana "La Colo" Castañeda y Cecilia Blanco), les dejé una botellita de brebaje a cada una, ya que de ellas dependería mi alimentación durante los 42km. Luego me fui a la pista para asegurarme el número lo más pronto posible y allí comenzaron las charlas. Divisé bastante mal humor en al gente que deseaba participar de la carrera de 10200 metros anunciada como "prueba de integración". Para alguien que desea "integrarse" al mundo de las competencias de calle, pudo haber resultado chocante abonar la suma de $10 e incluso $12 al otro día en el Club Náutico. El maratonista hace un esfuerzo más, está el que puede pagar sin problemas (aún así lo hace a regañadientes), el que juntó monedita a monedita para llegar a los $10 y el que se privó de correr porque no estuvo de acuerdo con el arancel o porque directamente le fue imposible pagar esa suma. Una pequeña minoría, quizá consideró justo el costo de la inscripción y pagó con gusto...
Domingo 8 de diciembre de 2002. Llegó el gran día. Me levanté muy temprano, a las 04:30; he leído por ahí que es conveniente respetar "la regla de las tres horas", para que la digestión no entorpezca el buen funcionamiento muscular, la última comida (en nuestro caso el desayuno) debe hacerse tres horas antes del horario de largada como mínimo. ¿Por qué? Durante la digestión, la sangre se desvía hacia el estómago y el intestino en detrimento del músculo. Si nos largamos a la aventura de correr un maratón sin respetar esta regla, será el principio del fin o al menos sufriremos más de la cuenta.
Entonces a las 05:00 ya había desayunado; nada nuevo, mates, luego té con leche, tostadas con dulce de membrillo y unos 100grs de pasas de uvas. Luego, y hasta el moemto del disparo de largada, sólo agua, moderadamente. En la semana previa, consumí tres litros de agua mineral diarios adicionales a lo habitual. A las 06:00 me fui tranquilo a la parada del 571; arranqué con buena suerte ya que el colectivo no se hizo esperar y me hice un viajecito atravesando la ciudad. Por el día y el horario, en el recorrido pude observar a través de la ventanilla a muchos pibes solos, saliendo de los boliches esquivando baldosas (chicos y chicas).... Andan diciendo por ahí que el problema de la Argentina, es que un litro de cerveza cuesta lo mismo que un litro de leche, reflexión de algún político simplista.
06:30. Llegué al Club Náutico, desolación total. Costaba creer que en apenas 90 minutos, más de 1000 almas se largarían a competir en las tres pruebas programadas. Enseguida comenzaron a llegar los primeros invitados a la fiesta; con José Lorenzo y Héctor Barreiro nos sacamos algunas "broncas" contenidas, recordando los problemas y la falta de consideración con el atleta en la edición anterior. Pero de repente empezó a sonar la música, la gente se comenzó a moverse y recordando las palabras de Don Lino Elejalde, a las 08:00 (unos minutos más tarde) nos pusimos a bailar con la más linda...

¿Cómo fue mi carrera? El objetivo era arrimarme a una marca cercana a las tres horas y tratar de hacerlo corriendo de manera progresiva. Salimos a 4’:22" por kilómetro, en "sociedad" con los atletas Héctor Jara y Alfredito Lago, teníamos los tres la misma idea, pero a partir del k15 hubo como un cortocircuito en la cabeza de cada uno y chau... ¡Al diablo con lo pactado! El maratón es así, una caja de Pandora y lo bueno es que se aprende de todo un poco; son historias individuales que si congenian en algún momento mejor, se rompen las mejores sociedades y se forman nuevas, a veces totalmente inesperadas. Al entrar al Parque Camet por primera vez, disimuladamente, casi sin que se dieran cuenta, me asocié con Pedro Aguirre (45 a 49) y Jorge Palma (55 a 59), para mí dos maestros en el arte de correr los 42km; los seguía a una distancia prudencial, con el freno permanente de mi amiga "La Colo" que me decía a los gritos: ¡Hacé tu carrera, tratá de no mirarlos!
Así fueron pasando los kilómetros; de mi "poderoso brebaje" debo decir que en el k15 sirve para resucitar a un muerto, en el k25 más o menos se lo tolera, pero a partir del k35 no quería ni sentir su olor... Mis ojos dejaron de ver la silueta de Don Jorge Palma, que con su andar tranquilo pero impecablemente progresivo, clavó 3h 04’ 30" en la categoría de 55 a 59 años. Lo mismo Pedrito Aguirre que con sus 3h 06’ 05" también fue desapareciendo del alcance de mi vista. En el k34 comencé a pensar en que ya era hora de acelerar un poco el paso, pero me sentía inseguro con la alimentación, decidí tomar un traguito del "brebaje" y fue casi fatal. Corrí del k35 al k36 tratando de controlar una fuerte puntada en la zona abdominal, con el viento del noreste en contra, pasé esos dos kilómetros a 5’. Pero al salir del parque me la jugué... Cada vez más rápido hasta el k40 y ahí sí, clavé la mirada en la terraza del edificio más alto y con el aliento histérico de mis dos amigas (mezcla de alagos e insultos) corrí los 2195 metros finales en 9’:04". Ese mismo tramo final que alguna vez me sorprendió totalmente acalambrado, caminando, casi gateando, demandándome más de 14’ en completarlo.
Al llegar a la Plaza España, fue como encontrarme con un anfiteatro desbordado de gente, comencé a sentir aplausos y gritos de victoria desde la avenida Independencia y La Costa. Al cruzar la línea de llegada abracé a mi madre (que imaginando una largada puntual, es decir a las 08:00, comenzó a preocuparse al ver que pasadas las 11:10 no llegaba), a La Colo, Cecilia, Don Lino Elejalde...
Por supuesto que esto no es todo, el maratón deja un montón de anécdotas, van apareciendo a medida que uno repasa las imágenes de la película.
Sé que cada corredor tendra una visión diferente de las cosas, su propia vivencia en esta reciente edición del Maratón Internacional de Mar del Plata, Hoy quise contar mi experiencia y reitero lo que escribí al comienzo: "Con que a uno le haya resultado al menos entretenida, me doy por satisfecho."
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