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Cuando un país concreta un salto cualitativo dentro del extenso -y muchas veces complicado- “mundo” del atletismo, no obedece a casualidades.
Casualidad puede ser la aparición de un fenómeno, que hace historia. Y punto. Un salto colectivo de calidad es la suma de varios elementos: el talento natural de sus atletas, la capacidad formativa y conductiva de los entrenadores, una organización global adecuada y el empeño de los directivos. Todo esto viene a cuento por el espléndido momento del atletismo de Brasil, tal como acabamos de verlo durante los Juegos Panamericanos de Rio (que, por otro lado, también ellos llevaron adelante como parte de un sueño olímpico, aún más ambicioso).

Brasil tiene una historia atlética por demás exquisita, que se extendió inclusive hasta las conquistas de la última década (Robson, Claudinei, Sanderlei, los relevos y unos cuantos nombres…). Ahora, los faros que iluminan esta generación se llaman Jadel Gregorio, Fabiana de Almeida Murer, Marilson Gomes dos Santos. Son los que ya se colocaron en escala mundial del triple salto, la garrocha o el maratón. Pero 2007 colocó a Brasil en un primer plano continental, a pasos de Cuba. No computamos a EE.UU. en esta competición, ya que suele asistir con una formación B. El atletismo brasileño recoletó 9 medallas doradas y un total de 23, tanto con su generación de consagrados (agreguemos al mediofondista Hudson de Souza entre ellos o la resurgida Maurren Higa Maggi) como con sus flamantes apariciones: Sabine Heitling en los obstáculos, Keila da Silva Costa en triple y largo, Fabio Gomes da Silva en garrocha, Lucimara Silvestre en el heptathlon, Carlos Eduardo Bezerra Chinin en el decathlon, Franck Caldeira de Almeida en el maratón… La lista de extensa y elogiable. Y pronto recibirá también a nombres como los de las sprinters Bárbara da Silva Leoncio y Rosangela Oliveira Santos, consagradas en el último Mundial sub-18 de Ostrava.
Detrás de cada uno y de su propio talento, hay historias. Cómo también las hay en un plantel de entrenadores que se ha fogueado en las competencias de primer nivel. Y varias federaciones estaduales que construyen un almanque y una organización para fomentar ese proceso.
Ojalá que lo hecho por Brasil sea un estímulo para el resto de nuestros países del área, aunque la mayoría no dispone del sostén económico -oficial y privado- del país más extenso de la región. Por ahora, habrá que disfrutar estos resultados. Y acompañarlos.