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VENEZUELA: Juventud y versatilidad para hacer la diferencia.

Nacionales on Nov 30, 2005 | Sin comentarios

Un equipo moesto, con Keisa Moterola como única gran figura, y una esrategia caragada de creatividad, dieron a Venezuela su mejor Suramericano Juvenil de la historia.

Cuando salieron de Caracas para participar en el Suramericano Juvenil de Rosario prometían poco. La mayoría había salido de un Nacional sin marcas de relieve, tanto que la federación no logró llenar el cupo propuesto de 40 atletas. Para colmo, se quedaban fuera dos piezas que garantizaban resultados: la semifondista Julibeth Jiménez, recién operada, y el velocista José Acevedo, que no pudo obtener a tiempo el permiso de su universidad en Estados Unidos. A medida que se acercaba el torneo, el panorama se ensombrecía, con el esguince sufrido en su pie de impulso por la gran figura de la selección, la subcampeona mundial menor Keisa Monterola, durante su participación en el Festival de Garrocha Indoor de Santa Fe, que reunió a las ocho mejores saltadoras de la región.

Sin embargo, llegada la hora, los 25 guerreros enviados a Rosario se prodigaron para dar a Venezuela su mejor actuación histórica en un Suramericano Juvenil, con ocho medallas de oro, que superaban la cuenta de la mágica generación de Sao Leopoldo 2000.

La cuenta la abrió la propia Monterola, que se olvidó del dolor (y también de las marcas) para resolver el oro con la primera altura que enfrentó, un 3,60 que intentó con todas sus rivales eliminadas y que pasó al segundo salto. Hacía mucho tiempo que no me alegraba por esa marca, pero lo importante era la medalla y la salud , comentaría luego con una sonrisa nerviosa la plusmarquista juvenil y menor de la región, con el 4,30 que superó en el Mundial de Marrakech.

La delegación vinotinto había trazado una estrategia llena de apuestas osadas, todas urdidas en busca de los puntos que permitieran repetir el segundo lugar de la última edición, y los cálculos funcionaron.

El campeón panamericano sub20, Gilder Barboza, se convirtió en figura de excepción. Se reservó en los 1.500 m para apretar junto a los brasileños en la última vuelta y definió en los 25 metros finales su primera corona. Al día siguiente regresó para dominar de principio a fin una prueba de 800 m donde lo escoltó un compatriota, Michel Ramón, y después de una hora de descanso tomó el tercer tramo de un relevo 4 x 400 que con su presea de plata concretaba el subcampeonato venezolano tanto en la clasificación por puntos como en el medallero.

De algunos se exigió mucho, y respondieron con su mejor esfuerzo. Marvin Blanco, un corredor de 17 años recién cumplidos, se apuntó el oro con su mejor marca de por vida en los 5.000 m (15:01.94) y un día después corría en 31:16.25 los primeros 10.000 m de su carrera, para quedarse con el bronce en una prueba dominada por otro venezolano, Alexander Meléndez, que salió de su Yaracuy natal en el anonimato y regresó convertido en héroe, con recepción en la gobernación incluida.

Verónica Davis no subió nunca a lo más alto del podio, pero vaya que rindió. Al Suramericano se clasificó en su mejor prueba, el salto triple, y atrapó plata con una marca que quedó a apenas ocho centímetros de su récord personal (13,30 m). Intentó también el largo y agregó 23 centímetros a su mejor marca de por vida, para quedar en 5,95 y ganar bronce, y en alto también logró la actuación más sobresaliente de su carrera, 1,76 m, para escoltar a otra campeona venezolana, Marielys Rojas. Los otros dos vinotinto que se coronaron se quedaron lejos de sus registros habituales, pero ambos reinaron pasando por encima del dolor físico. Rosa Rodríguez no pudo ni acercarse a su propio récord suramericano juvenil de lanzamiento de martillo (62,80 m), pero el 57,90 que le sirvió para resolver el oro en su primer intento y quedarse con la marca de campeonato, salió a pesar de una tendonitis en el dedo anular de su mano derecha. Y Víctor Solarte no coqueteó con los 49 segundos como ya lo ha hecho en los 400 m con vallas, pero su victoria en 51.30 desafió las dolencia en un talón, el bícep femoral de la otra pierna y el nervio ciático.

Venezuela llegó en Rosario más lejos que nunca. Y pensar que Albert Bravo se eliminó con tres saltos nulos en el alto, donde partía como segundo de la región con su marca personal de 2,15, o que Abraham Ortega perdió el oro en la bala por apenas un centímetro, compitiendo sin zapatillas de lanzamiento y descubriendo en su primera salida internacional un promisorio futuro si concreta su conversión al decatlon. Esta actuación nos ha hecho reconsiderar el proyecto de relanzamiento del atletismo venezolano, que se fundamenta en el apoyo personalizado a las figuras de mejor perspectiva, como Keisa Monterola, Rosa Rodríguez o Verónica Davis. Ahora necesariamente hay que pensar en incluir a hombres como Gilder Barboza o Marvin Blanco , anuncia Marcos Oviedo, secretario general de la Federación Venezolana de Atletismo.

BOLIVARIANOS PARA OLVIDAR

Si Rosario se convirtió en la plataforma de proyección de un futuro sin límites, partiendo de los juveniles, los Bolivarianos de Armenia y Pereira mostraron al mayor costo posible la necesidad de rescatar al atletismo adulto de uno de sus peores momentos históricos. Luego de saldar su paso por Ambato 2001 con una proporción de 19-15 en la cuenta de doradas con respecto a Colombia, las distancias se ampliaron a un humillante 29-9 en 2005, con el agravante de un resultado positivo en el antidoping, el de Rosario Ramos, que perdió así su corona en el disco.

La flamante subcampeona mundial menor y monarca panamericana de garrocha, Keisa Monterola, se eliminó con tres saltos nulos, luego de tres semanas sin entrenar por el incumplimiento de una línea aérea en regresar a Venezuela sus pértigas. De aquel mágico relevo 4×400 que tanto prometía no quedó nada. La velocidad masculina pasaba a dominio neogranadino.

Los saltos y los lanzamientos rescataban la honra entre los hombres, mientras entre las damas sólo la heptatleta Thaimara Rivas escuchaba el himno nacional, y Venezuela encendía las alarmas, con vistas a las siguientes etapas del ciclo olímpico.

Por: Eumar Esaú.

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