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Para los que nos gusta el fútbol realmente es un placer ver a Zinedine Zidane, en su último mundial y despedida del fútbol, en su mejor forma a puertas del retiro (ya se retiró de su club: Real Madrid y después del mundial se retira de su selección y el fútbol), con la angustia de que cada partido podía ser el último, ya sea por una eliminación francesa, por una segunda tarjeta amarrilla que le impidiera jugar el siguiente partido (se dio en el partido de cuartos contra Brasil y la semifinal contra Portugal), una roja e incluso una lesión (los años no pasan en vano).
Como dijo Jerry Seinfield (productor y actor de la serie más exitosa de todos los tiempos en términos de raiting), hay que retirarse en el mejor momento. Lo mejor es que un deportista decida cuando retirarse y no que el fútbol lo retire. Eso es lo que decidió Zidane, cuando ya lo daban por muerto, que ya no era el de antes, en los dos últimos años en el Real Madrid. A sus 34 años decidió irse por la puerta grande en el escenario número uno del fútbol mundial, esto le dio una gran motivación para afrontarlo de la mejor manera posible, para enfrentarlo como hace ocho años, cuando salió campeón del mundo, con la diferencia de que tenía 26 años, era otro equipo y no era el líder, aunque sí una pieza muy valiosa. Tuvo la disciplina, determinación, confianza, coraje, fe y fortaleza mental, para preparase de la mejor manera física y mental para este mundial, ya que técnicamente que más puede aprender Zizou.
Zinedine Zidane tuvo la valentía y el coraje de decir que él decidía cuando se retiraba, lo quisieron hacer los periodistas españoles, pero no, Zidane decidió cuando se acababa. Estas situaciones alimentan su fuego interior frente a la adversidad y el reto. De igual manera decidió retirarse del Real Madrid antes del mundial metiendo un gol en su último partido.
Los grandes se ven en los momentos difíciles, es en esos momentos en los cuales crece su figura, son los que más disfrutan. Decidió volver a la selección francesa, para llevarla a la clasificación en el momento en que esta parecía esquiva. Apareció en los momentos claves a partir de octavos de final en el mundial, dirigiendo la ofensiva francesa contra España y haciendo un gran tercer gol en ese partido, dirigiendo la batuta del equipo frente a Brasil, poniendo fútbol, marcando los tiempos, dando el pase de gol a T. Henry y asumiendo el liderazgo en el partido contra Portugal y asumiendo la responsabilidad para patear el penal ganador contra Portugal en la semifinal.
Es ahí donde se ve la jerarquía, cualquiera puede jugar bien en los partidos fáciles, los grandes, los que tienen fortaleza mental, como él, aparecen en los momentos más complicados, asumen el liderazgo, sin dejar de lado su humildad, a pesar de su experiencia y lo conseguido en el fútbol, dirige al equipo, enseña el camino y da confianza, mientras se la brindan a sí mismo. La convicción que tiene cuando las cosas le salen le brinda una confianza magistral, mirando al cielo como si una fuerza superior lo tocara. No por nada él es el capitán, eso no es casualidad teniendo a jugadores con grandes características, jerarquía y dotes de líder como Thuram, Vieira o Makelele, teniendo la capacidad para unirlos en función a un objetivo, es un líder que seduce a sus compañeros para subirlos al carro de su visión e ilusión.